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lunes, 18 de agosto de 2003

EL PAISAJE DEL SEÑORÍO (Histórico) 18/08/2003



El singular camino que la villa de Tórtoles atraviesa por el paso de la historia, marca una trayectoria en las costumbres de sus nuevos pobladores.
Las grandes extensiones de sus montes, la riqueza inagotable de sus manantiales propician el bienestar de las nuevas gentes. Si bien, la agricultura, la ganadería, la herrería están bien desempeñadas por los pobladores norteños: Gallegos, Cántabros, Astures) la cantería, la albañilería, los oficios artesanales de paños y cestería por mozárabes y judíos.
En el mismo término de la villa se formarían las aldeas de Santa María de Corneganos, Val de Velasco, Los Casares, hoy ya desaparecidas.
Fuera del recinto amurallado, las aguas del arroyo que brotaban de los manantiles en las arboledas de la iglesia de Santa María, alimentaban un molino harinero, que existe en la actualidad y dos batanes. El agua sobrante, servía para regar las huertas. Los vecinos se abastecían de una fuente que se encontraba en las huertas, fuera de la muralla. "Se la denominaría fuente de la villa." Curiosamente en cada puerta de la muralla, existía un abrebadero hecho de sillería, el agua venía canalizado de los manantiales más cercanos a la muralla.
Los vestigios de las construcciones civiles y religiosas y de las que aún perduran, nos hacen imaginar con fundamento, la grandeza de la villa; no es extraño que María Armildez y Gonzalo Pérez de Torquemada, se decidieran por Tórtoles para fundar el monasterio de San Benito, en la antigua iglesia de Santa María en 1194; bien es cierto que los dos poseían derechos y pertenencias en la villa. Este mismo año, nace el señorío de Tórtoles, y hasta su muerte en 1817, los vecinos tendrían que que pagar los tributos y alcabalas al monasterio.
En el siglo XIII, las cañadas merineras servirían como vía de ganados trashumantes y al intercambio en las ferias de la mesta. La cañada de Tórtoles, atraviesa el páramo del Cerral. Dichas cañadas deberían tener noventa varas castellanas, de ancho, también existían cordelas, veredas y coladas, todas de inferior anchura. Todas estas cañadas, disponían de unos elementos complementarios de apoyo que facilitaban el paso, el pasto, el agua, el abrigo, la seguridad..., como eran las majadas, los abrevaderos, descansaderos y esquiladeros. Muchas de las familias trashumantes se instalarían en las villas que cruzaban por las cañadas, y ya nunca volverían a sus lugares de origen. A título de curiosidad, existe en Tórtoles un apellido “Alejos”, que significa que viene de lejos. Siglos después (XIV y XV) la lana de las merinas permitió a los comerciantes castellanos ganar mercado en Europa con respecto a la lana inglesa. En la villa de Tórtoles, existían esas máquinas de enfurtir los paños llamadas batanes, a los vecinos de Tórtoles se les llamaba “pelaires” (cardadores de paños). Al haber batanes, existían también telares y fábrica de tintes. En el consumo doméstico, se utilizaba el huso y la rueca.
Como dato histórico: En agosto de 1507, la reina Juana I de Castilla trasladando el embalsamado de su marido Felipe el Hermoso hasta Granada, se encontraba en Tórtoles de Esgueva, donde recibió a su padre Fernando el Católico, para iniciar el segundo periodo de regencia hasta la llegada del príncipe Carlos I. Pusilánime de ejercer como reina de Castilla, Juana abdica de la corona y es acompañada por su padre, hasta Santa María del Campo.


Diario de Burgos y Mund
o Corre
o (18/08/2003)

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