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jueves, 6 de marzo de 2008

LOS TORQUEMADA EN TÓRTOLES (III) (Histórico) (08/03/2008)











Sala capitular



La villa tampoco va a acatar todos los derechos como corresponde a un fiel vasallo. Prueba de ello es, que a finales del siglo XIV, comienzan las divergencias sobre los derechos señoriales, interviniendo el obispo de Burgos en son de paz. Pero, en 1426 se negaría el concejo de Tórtoles a satisfacerlos, imputándole la pena de entredicho canónico el juez designado por la abadesa. Después de muchos pleitos una sentencia obliga a levantar el entredicho a la abadesa y al concejo, a satisfacer todos los derechos no devengados.

Con el lento paso de los años y de los siglos, la comunidad va sufriendo paulatinamente un declive socio-económico del cual nunca va a poder recuperarse. La poca gestión o mejor dicho, la falta de gestión en todas las heredades, va a desembocar en la enajenación de su secular patrimonio, aunque de forma un tanto peculiar. El comprador (algún magnate o rico hombre) toma estos bienes por un pago anual de dinero o especies a juro perpetuo.
También el señorío de Tórtoles va a ser vendido a mediados del siglo XVI, en raras circunstancias, a Rodrigo de Dueñas, ecónomo de Carlos V. Unos meses después volverá de nuevo el señorío al monasterio, gracias a la intervención del obispo de Burgos, cardenal don Francisco de Mendoza que apreció engaño en la venta.
Así, entre pleitos y desacatos trascurre el devenir de los años, hasta la muerte del señorío en 1817, fecha en la que se hace cargo de todos los derechos señoriales la hacienda pública. El monasterio no solo va a perder estos derechos, sino que también va a ver como prescriben muchos de sus contratos a lo largo del siglo XIX. A partir de estas fechas únicamente le va a quedar hacienda en el término de Tórtoles y alguna que otra cesión entregada como dote por alguna religiosa.
El devenir del siglo XX no va a mejorar la estancia de la comunidad en el monasterio. Con pocos bienes que, al final tienen que vender y el aporte de un taller textil no es suficiente para la conservación del edificio que requiere muchas reformas. Alguna se acometió entre los años sesenta y setenta, gracias a la ayuda de algún benefactor. En 1977 la comunidad se traslada a Aranda de Duero, pasando el monasterio en 1985 a una familia de Tórtoles.
Tres décadas después, el monasterio vuelve a cobrar protagonismo, con la creación de un complejo hotelero. El pueblo vuelve a sentirse orgulloso con el dinamismo de su monasterio, aunque esto ya es otra historia que está a punto de escribirse...

                        

                                  Diario de Burgos 

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