Un mes después del Motín de Aranjuez, el usurpador FernandoVII, sale de Madrid con su reciente corona y el trono a cuestas para acudir a la ignominiosa cita del pérfido Napoleón en Burgos. Atrás va a dejar al sufrido pueblo madrileño, amparado por una junta suprema de gobierno presidida por su tío, el infante Antonio Pascual, a merced de Murat (nuevo dueño de la capital del reino). Como un torpe ratón acude cegado por su codicia al señuelo que le tiende el hábil general Savary, duque de Rovigo, que incluso se ofrece acompañarle.
Según nos relata Hernández Girbal, el 11 de abril llega el rey espurio a Aranda de Duero, deteniéndose en la
plaza, a la que acuden curiosos y llenos de admiración los lugareños para vitorearle. Pero Fernando no está por la labor, desprecia a su pueblo, las prisas le embargan y no quiere hacer un alto en el camino, ni siquiera se digna a bajar de su pomposa carroza. Para tomar un refrigerio, prefiere que se lo sirvan a pié de la ventanilla y salir cuanto antes hacia Burgos.No quiere que se le vea. ¿Qué razones poderosas podrá tener para no atender a su pueblo? Se podían preguntar los extrañados arandinos... la traición a España y la cobardía impropia de un rey que entrega su patria, permitiendo al gabacho que campee a sus anchas, por nuestra geografía, robando, violando y masacrando al que le ofrezca resistencia.
A la partida hacia Burgos de la comitiva real, los vecinos, cada vez más, se van agolpando intentando llegar
al carruaje del rey, el cual se digna a sacar el brazo por la ventanilla para saludar con un leve ademán a los
complacidos arandinos. Así se perdió en una enorme polvareda hacia su ‘cautiverio’ de seis años en Bayona.
Diario de Burgos 27-01-2010
Según nos relata Hernández Girbal, el 11 de abril llega el rey espurio a Aranda de Duero, deteniéndose en la
plaza, a la que acuden curiosos y llenos de admiración los lugareños para vitorearle. Pero Fernando no está por la labor, desprecia a su pueblo, las prisas le embargan y no quiere hacer un alto en el camino, ni siquiera se digna a bajar de su pomposa carroza. Para tomar un refrigerio, prefiere que se lo sirvan a pié de la ventanilla y salir cuanto antes hacia Burgos.No quiere que se le vea. ¿Qué razones poderosas podrá tener para no atender a su pueblo? Se podían preguntar los extrañados arandinos... la traición a España y la cobardía impropia de un rey que entrega su patria, permitiendo al gabacho que campee a sus anchas, por nuestra geografía, robando, violando y masacrando al que le ofrezca resistencia.
A la partida hacia Burgos de la comitiva real, los vecinos, cada vez más, se van agolpando intentando llegar
al carruaje del rey, el cual se digna a sacar el brazo por la ventanilla para saludar con un leve ademán a los
complacidos arandinos. Así se perdió en una enorme polvareda hacia su ‘cautiverio’ de seis años en Bayona.
Diario de Burgos 27-01-2010

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